Muchos de ellos perderán la tarjeta sanitaria y su tratamiento
antirretroviral en agosto si se cumple lo anunciado por la señora ministra.
Serán los elegidos para morir por el bien de los españoles. Ahorraremos algo de
dinero de nuestras maltrechas cuentas dejándoles morir, pero no nos importará
porque son ilegales. No lo merecen. No existen. Pero yo conozco sus nombres y
sus caras y cuando me despida de ellos en la consulta sabré que soy parte de la
hipocresía de una sociedad donde el derecho a la vida es solo para algunos.
¿Qué sentirá un político tomando decisiones que suponen la muerte de personas
en aras de un bien supuestamente superior, como es la reducción del déficit?
Espero no estar nunca en su pellejo.