mosenacrata@googlemail.com

NUEVO CATECISMO

10/4/12

La Providencia

En lo alto de una elevada torre, una madre tenía a su hijito en brazos. El niño cayó de ellos.

Al propio tiempo caía otro objeto. Su volumen era como el del niño. Su peso especifico, igual. La atracción de la tierra, la resistencia del aire, todo lo que influye en la caída de un cuerpo ¸era lo mismo para el objeto como para el niño.

Pero el niño vivía y tenía una madre que se arrancaba los cabellos desesperadamente. El otro objeto no importaba a nadie.

-¡Oh Dios mío! ¡Dios mío! ¡Mi hijo! ¿Mi querido hijo!- gemía la madre-. ¡Dios mío, salvad a mi hijo!. El otro objeto no importaba a nadie.

Y los dos cuerpos cayeron paralelamente con igual velocidad.

Y la Naturaleza- esto paso antes de que naciera Newton, lo cual no era obstáculo para supiera como debía hacer caer los cuerpos-, la Naturaleza, repito hizo lo que debía hacer. Calculo tranquilamente los cuadrados, no se cuido de la mayor resistencia de abajo, ni de si el aire era mas o menos denso.

Una vez más, la madre puso el grito en el cielo.

El niño se estrello contra el pavimento .La madre, que tan inútilmente rogó, murió. El padre se volvió loco etc, etc.

Pero el saco de ropa, el jamón, o lo que cayo fuere lo que fuere, al propio tiempo que el niño, continuo siendo un saco de ropa, o un jamón, como si tal cosa.

Y sin embargo nadie había rogado por aquel objeto.

¿Si esta bien? -Preguntáis-.Ciertamente; el menor desorden, la mas pequeña desviación causara un daño mil veces peor que la muerte de un niño.

Relato esta historia no para criticar a la naturaleza, sino para demostrar de un modo evidente que el rogar a Dios no sirve para nada, y que cuando se esta en lo alto de una torre y se tiene a un niño en brazos, es necesario sujetarlo bien, pues de este modo no se cae.

Anonimo